El tesoro

La novela “El tesoro” es, en realidad, una receta. Con sus ingredientes, sus porciones calculadas, sus tiempos de cocción y forma de presentación.

El plato que se sirve al lector en esta trama de tono disparatado es una mentira. Una ciudad entera, una población norteña y detenida en el tiempo, es cómplice de su gestación. Sus protagonistas van amasándola cuidadosamente con su ambición, sus miedos, sus envidias.

Una vieja y misteriosa historia sobre un tesoro desaparecido, propiedad de Nicolás de Castellanos, un idolatrado político y pensador local de la época de la Ilustración, pone en marcha los desvaríos y miserias de los protagonistas.

Y así se teje esta historia, entre intocables políticos corruptos, gerifaltes locales mediocres, arquitectos visionarios de faraónicos proyectos y aprendices de periodistas boquiabiertos armados con rotativas que entintan lo que les echen. Y junto a ellos, sus víctimas, los inocentes que pagan los platos rotos de tanto alegre desmán. De fondo, una sociedad que sigue durmiendo la siesta, anestesiada por el miedo a gritar a pleno pulmón que el emperador está desnudo. Esta es la sórdida, divertida y humana, muy humana historia de “El tesoro”.


De Jovellanos a Castellanos

Óleo Jovellanos, de Ricardo Mojardín

En el origen de “El tesoro” está un cuadro y un recorte de periódico que hacía alusión a un supuesto hallazgo en Gijón del tesoro perdido de Gaspar Melchor de Jovellanos -una noticia que acabó en un sonado patinazo protagonizado por un conocido estudioso local-.

El cuadro se titula “Jovellanos” y es obra del pintor boalés Ricardo Mojardín. Es Jovellanos sin Jovellanos. El óleo reproduce exactamente la conocida obra que en 1798 pintó Goya con el retrato de su amigo el ministro de Gracia y Justicia (que puede admirarse en el Museo del Prado) pero sin la melancólica figura del ilustrado gijonés. Mojardín retrata la silla vacía, hace evidente la ausencia. Y esa silla pregunta: ¿Qué hubiera pasado si Jovellanos no hubiera existido? Es decir, si el Jovellanos que todos creemos conocer no hubiera sido el “santo laico” que casi idolatramos.

Así fue como nació Nicolás de Castellanos, su gemelo, el protagonista central de “El tesoro”.

Créditos: «Jovellanos». Ricardo Mojardín. 1998. Óleo sobre lienzo (200 x 122 centímetros). Depósito del autor en la Casa Natal de Jovellanos (Gijón).

Sitio web Ricardo Mojardín